Madagascar

Un artículo para empezar: Turismo: la mirada caníbal.

Comenzar y recomenzar; La vie est un voyage, decía la frase escrita en el guardabarros del camión que iba por delante. La carretera nos llevaba de Taná a Toamasina. Bueno, parece que todo está ya dicho. Sonrisas de complicidad. Miradas transitando más allá de las ventanas del taxi-brousse. Reubicando las eventualidades del día de mañana. Parada rutinaria para comer. Primeros litchis, primeros líos lingüísticos. Llegados ya de noche. Las velas insinúan las entradas. Las texturas de la oscuridad seducen la imaginación. Pero la atención se fija en lo inmediato. Trayecto en los pousse-pousse, el hotel, la cerveza, la cena... Prontamente detalles que alertan. Tenderemos que ubicarnos, situarnos ante ellos, que a pesar de parecer formar el paisaje de la normalidad no nos dejan indiferentes. Insultan con su blancura. Un elemento endémico de las zonas visitadas; los tíos blancos acompañados por niñas.

¿Fenómeno marginal, no representativo? Sin duda sintomático. El mundo de la ley masculina que rige la vida de las mujeres, que establece la relación entre los géneros. Como lo es asimismo él de las leyes de los ricos que se autodefinen civilizados y que sustentan su supuesta superioridad en que haya l@s Otr@s que limpian su porquería, tanto fuera de sus fronteras como en su casa. Porque y para que se pueda proclamar las leyes de igualdad en las democracias blancas, otras partes del mundo y algunos espacios de sus propios patios se configuran en los burdeles para el disfrute de los que nunca han dejado de ser la basura masculina. No es la prostitución la profesión más antigua, lo es la de los chulos. La prostitución es la forma de violencia contra las mujeres la más arraigada y normalizada donde cabe incluso la explicación de que tiene que haberla dado que los tíos necesitan follar por naturaleza. La emancipación sigue siendo un término mistificador de la realidad social. Basta hacer asomar lo que hay debajo de la alfombra de los que se erigen en los portavoces de la justicia y derecho. La vergüenza de las ayudas al desarrollo y de la cooperación que no son más que un espejo en el que nos miramos como bienhechores y como tal la situación se constituye en una paradoja entre las intenciones proclamadas y los móviles recónditos. Son un espejo de la misma manera como la ubicación supeditada de las mujeres en la sociedad patriarcal; para que así lo masculino se constituya en la Ley, no por ser los varones esencialmente superiores sino por estar las mujeres encasilladas como inferiores.

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