Taolagnaro - Port Dauphin

Donde las estrellas dan sombra

El minúsculo barracón del aeropuerto de Taolagnaro hace irrealizable escapar de la insistencia de los taxistas y los mediadores turísticos. Cruzamos el pueblo en un pequeño vehículo cuyo conductor intenta hacernos creer que incluso una travesía del sur de la isla es posible con él en su coche. Menos mal que todavía guardamos algunas objeciones, aunque lo vivido hasta ahora nos hace bastante permeables a este tipo de alucinaciones. Más allá del Trópico del Capricornio los criterios de lo aceptable necesariamente van más allá de los razonamientos acostumbrados.

Port-Dauphin Port-Dauphin Port-Dauphin
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Paseos matutinos y vespertinos por las playas que circunscriben lo urbano. Las estelas cristalinas que lijan las aguas, descorriendo la arena, brillando en amatista, se apropian de nuestros sueños. Envueltos en la bruma avivada por un inagotable batir de olas somos el epicentro de una bola de cristal líquido. Allí se condensan las fantasías. ¿Qué más pedir…?

Port-Dauphin Port-Dauphin
Port-Dauphin

Parada de los vehículos variopintos, lugar donde se estipulan algunos tiempos de espera de días o semanas, los destinos etéreos, impracticables para los que viven en el tiempo contable. Embarcamos en uno de esos que parece realizable en horas y no en días. Hacia el extremo sur de la isla, Faux Cap, bautizado así por los portugueses que allí acometieron y reconocieron la falacia de sus cálculos.

Port-Dauphin Port-Dauphin

La lona rota es un mirador privilegiado desde lo alto del camión para licuarnos con el afuera, con las escarpadas dimensiones de las polvoradas que saturan el campo de la visión. Las manadas de los cebúes que irrumpen de la devastadora luz de anochecer que aniquila los contornos y las certidumbres. Las filtraciones de las voces que marcan los ritmos de las tareas de lo cotidiano. La coexistencia perfecta de lo dramático e nsoportablemente bello.

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